Trata de SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD

 

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SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD

 

 

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Los Pericos – Sin cadenas –

 

SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD

 

Siempre he tenido la extraña sensación de que no todas las antinomias son reales. Algunas son un descuido semántico, otras, malinterpretaciones y otras, tergiversiones.

El Bien, por ejemplo, es siempre un valor positivo, la regla. El mal, su excepción, un dis-valor, es decir, una deformación del valor.

Así como la moral es, podría decirse, la ciencia del Bien, la inmoralidad no es la ciencia del mal, que carece de ciencia, sino y más bien, su deformación; es la excepción por la cual no se practica la moral, sino algo distinto "con apariencia de bien".

Con la mentira, me atrevo a especular, pasa algo semejante. Y no es extraño, ya que la mentira es la especie del género inmoralidad. O más simplemente, la mentira es la especie del género "mal".

 

  

Sin Bandera – Mientes tan bien –

 

¿Puede la mentira sustentarse en sí misma?

No. Siempre requiere de aparentarse verdad.

Siempre tiene la necesidad de maquillarse, disfrazarse, de verdad.

Verdad comprobada, es verdad confirmada. Mentira comprobada es mentira desenmascarada.

La mentira tiene un fin: Estafar al otro (o meramente ridiculizarlo para propia diversión, en el caso de la mentira estúpida).

Hacerle creer que está haciendo un bien cuando, en realidad, le induce hacer un mal. ¿Por qué? Porque si la mentira se muestra tal cual es resulta rechazada, en primer lugar. Luego, deja de ser mentira. Para que lo sea, debe aparentar ser verdad.

En la estafa, por ejemplo, una de las variedades, de las tantas, de la especie "mentira" -en este extraño remedo de filogenia que planteo- el estafador (para el caso, mentiroso) pretende, a través de distintos ardides, argucias o artimañas, hacerle creer a una o varias personas, que aquello que les presenta es verdadero, es bueno o es real. Para eso se vale de multiplicidad de falacias (que son los resortes clásicos de la mentira, que se escuda en que, durante cualquier diálogo, la falacia cumple una función falsacional común, es decir, no requiere el riguroso filtro al que le somete la filosofía, la lógica ni la ciencia), porque éstas permiten confundir fácilmente al otro y le exigen, al otro, de una serie de filtros intelectuales -y emocionales- de tal magnitud que requeriría bastante tiempo desenmascarar la tentativa, en principio, o el núcleo dialéctico mismo de la estafa, mientras se consuma.

No es cuestión de simple ingenuidad: La comunidad científica, por ejemplo, ha sido estafada varias veces con descubrimientos que presentaban una enorme cantidad de elementos "valederos" (o muy similares a los realmente válidos) y que, sólo después de una ardua investigación, pudieron ser aclarados como trucos. Uno de los ejemplos más notorios ha sido el "Hombre de Piltdown"

Es cierto: Muchas confusiones no son estafas, sino, malentendidos o malinterpretaciones, tanto de valores como de hallazgos científicos y aún, de estados psíquicos, emocionales o situaciones o circunstancias socio-polítcas, grupales o comunitarias y, aún personales.

¿Cuál es la diferencia?

La intención.

Si la intención de "quien presenta" un hecho, una postura, un intento de interpretación de la realidad, de un sentimiento, de un discurso o de un descubrimiento, es recta, es honorable pero está viciada por causa de una interpretación deficiente, por ejemplo, se incurre en el error que llamamos habitualmente mentira.

Pero no es una mentira "dolosa" es decir, no media dolo, intención de dañar a sabiendas, sino mera culpa, negligencia o incorrecta lectura de la realidad a causa de carencia de elementos adecuados o de una visión ingenua, fantasiosa o no sustanciada adecuadamente a un correcto análisis racional. Se cree buenamente hacer un bien, aunque se está haciendo un mal. Se intenta socorrer a alguien, por ejemplo, con muy buena voluntad, pero careciéndose de entrenamiento, conocimiento o elementos adecuados, se le termina perjudicando, sin ningún beneficio para el frustrado voluntario.

A lo sumo, diremos, no se ajusta a la verdad como debiera y que ese desajuste "culposo" no beneficia en nada al que actúa ese tipo de mentira.

Entonces ¿hay estafa? No. La intención del "presentador" o el voluntario socorrista, no era la de engañar, ridiculizar o burlar al o los otros, sino presentar -como mínimo- buenamente algo que estaba convencido era verdad, era real, era bueno… Pero que por propio defecto o defecto de interpretación de la naturaleza de la cosa o del discurso, o de los elementos o medios elegidos, por ejemplo, ha terminado tergiversando aquello a que se pretendia arrivar, es decir, al bien, a la verdad acerca de una cosa, un hecho, un estado de ánimo, un descubrimiento, etc.

Se puede publicitar un refresco apelándose a las bondades estéticas del culo femenino que muestra la pantalla y pertenece a una señorita que está bebiendo el refresco. Pero no hay mentira en ello y tampoco una mentira culposa. Simplemente se apela a algo insustancial, algo que nada tiene que ver con las virtudes de la bebida para inducir, subjetivamente, subliminalmente, al consumo de esa bebida. El beneficio de quien publicita o paga la publicidad, no vendrá de la exibición del culito femenino, en tal caso, sino del dinero recaudado por el aumento de ventas entre el público masculino o el público femenino por muy diversos motivos personales y subjetivos. Si refresca o no refresca, si colabora o no en una dieta, es otro tema aparte… pero el énfasis de la imagen, en la cultura de la imagen, está puesto en el culito, como anzuelo para compradores no muy avispados intelectualmente (quizá muy pícaros pero muy poco prudentes) o que simplemente se guíen por la apariencia, el capricho, por la "cara del producto" (a lo que inducen una carita bonita, un cuerpo musculoso o una práctica deportiva, por ejemplo, presentados como si estuvieran influidos por la calidad del refresco, pero cuidándose de decir que tal cara, tal culo, tales músculos o tales destrezas deportivas se deban a la acción directa de la bebida).

De todos modos, tales recursos, no dejan de ser un ardid engañoso que busca quedarse con algo del otro de cualquier modo, en este caso, por intercambio, sin dañar ni perjudicar. Pero engañando.

Cuando "quien presenta" tiene la intención de estafar, es decir, hacerle creer al otro algo que no es, disfrazándolo de algo distinto de lo que en realidad es; cuando quien tiene la intención de estafar manipula, a sabiendas y con la clara -y a veces no tanto- intención de engañar (esto es dañar al otro en su propio e indebido beneficio) entonces el error apunta directamente en el sentido de la mentira.

Y la mentira, insisto, siempre trata de señalar la verdad, buscando alucinar, desorientar, confundir al otro para que crea que algo existe cuando en realidad no existe; que algo es real cuando en realidad es una urdimbre preparada especialmente para conseguir el fin último, es decir, que el otro haga algo que cree y está convencido es bueno siendo, en realidad malo.

O dando por algo que no es tal cosa lo que daría por ese algo si lo fuera.

Por estas latitudes solemos decir, vulgarmente, cambiar oro por piedritas de color… (o privatizar empresas del patrimonio estatal… como usted quiera…)

¿Tiene la verdad necesidad de tales referentes?

La verdad es autorreferente. Le basta reflejarse a sí misma. Pero no es un reflejo muerto ni un reflejo irrazonable (mucho menos egoísta ni va en desmedro de la dignidad de la persona).

La verdad, se razone por donde se razone no tiene dos caras. No "atiende por dos ventanas", como diría mi vecina mientras barre la vereda…

Es como es.

Se presenta tal y como es.

Puede presentarse, a veces, sonriendo y, otras, con gesto severo, pero no deja de ser la verdad. Y resiste todos los análisis y pruebas, precisamente porque, aunque pueda estar contaminada su superficie, su discurso, de falacias, cuando se interroga y se depuran las falacias, la verdad aparece con tanta pureza como si no se hubiera examinado nada.

La verdad no es posesiva, pero siempre es una invitación a ser poseída y esto, generalmente, es lo que alimenta las ansias de la mentira: Cambiar el cartel indicador del camino, torciéndolo para que, queriendo ir el peregrino a Santiago, termine yendo a Milano (y llegando con el cu…erpo en la mano)

La verdad vende la gaseosa diciendo que es un preparado azucarado a base de agua y conteniendo un gas inocuo para la salud. No presenta culos, ni jóvenes atletas, ni carilindos del cine… No los necesita. Le basta decir qué es lo que el comprador encontrará en el envase.

La verdad sabe que la bebida puede refrescar o no. Que puede apagar la sed o no. Y que esas opciones son irrelevantes. La verdad dice: Esto es para beber, contiene tales componentes y no daña la salud.

Claro, la verdad es muy poco glamorosa y muy poco marketinera. La verdad se desnuda sin necesidad de que le tiren de la ropa.

La verdad, confía. Es confiada.

Sabe y presenta lo que sabe. Si no sabe, no presenta. Si no sabe, calla. Si no siente, dice "no siento". La verdad no juega al fútbol, con un delantero por cada punta…

Muchas veces, la verdad es en apariencia, pobre, sencilla, humilde, libre; otras veces se parece mucho a la locura (¿qué cosa será locura?…).

Las más de las veces, a la verdad se la tiene por poca cosa en la estima de las personas superficiales: No brilla, tiene la tosquedad de la madera sin lustrar ni lijar. Pero su brillo es propio y auténtico y cuanto más se la pule y lustra, más se evidencia.

No ocurre lo mismo con la mentira

A la mentira cuanto más se la pule, más brillo pierde… ya que nada uténtico tiene para mostrar la mentira si no es señalando a la verdad, para ver si mostrando su reflejo deformado obtiene el fin buscado por el mentiroso.

Siempre hay alguna hilacha suelta por donde se mire que, una vez que comienza el tironeo de la interrogación, desarma cualquier nudo. La mentira carece de la naturaleza del nudo gordiano: Se desarma con mayor o menor facilidad, dependiendo de la habilidad del mentiroso o de la habilidad del que investiga.

Pero no cualquier mentira es Mentira (nótese el uso de mayúscula en el último caso). ¿Por qué? porque un montón de falacias en un diálogo o en un hecho que pretende ser demostración evidente de una realidad, no radica -simplemente- la intención de estafar al otro, engañarlo, despojarlo.

Muchos malentendidos en un diálogo se interpretan como mentira, pero en realidad no pasan de ser malentendidos, expresiones incorrectas o comprensión incorrecta (dicho muy en general y sin entrar en detalles…)

"…Y seréis como dioses" – cuentan que dijo la serpiente en el paraíso que relata el Génesis de la Biblia, para inducir a mujer y hombre a probar la manzana de la condenación. Intentó -con algún éxito- según el relato bíblico, mostrar que era sano o que, al menos, no les iba a perjudicar realizar tal acto y que, de hecho, iban a gozar de un status preferencial en la naturaleza.

La realidad es que hombre y mujer, mujer y hombre, gozaban ya de ese status, aunque con cierta limitación – que no les iba a quitar el hecho de que "probaran la manzana de la discordia"-.

Lo que si les iba a quitar probarla era el status preferencial al que se indicaba que llegarían si la probaran. Lo contrario de lo que esperaban Adan y Eva (o Eva y Adan, para evitar críticas).

Si el enfermero, a sabiendas que un recipiente contiene veneno, se lo suministra al paciente para que lo tome, diciéndole que le curará rápido de su padecimiento porque es un gran remedio, lo que estará haciendo es provocarle la muerte o el agravamiento, que seguramente le curará de la enfermedad… pero el paciente no vivirá para contarlo a sus amigos.

Y el paciente, en la creencia que curará y podrá contarlo a sus amigos o, cuando menos, sobrevivir, lo toma confiado. La limitación no desaparece porque haya tomado el veneno: Lo que desaparece es su status de ser viviente…

Y todo a causa de que ingirió un veneno creyendo, a instancias del enfermero, que era medicina.

Si el enfermero hubiera confundido el frasco, o la lectura de la fórmula o aún la dosis y, creyendo que estaba haciendo lo correcto para curar al paciente, terminó dándole algo que le perjudicó a éste último, no estaba mintiendo ni estafando al paciente. Simplemente ha incurrido en una serie de errores -quizá fatales- que le llevaron a hacer algo malo en la completa convicción de que esta haciendo algo bueno y que, ese "algo bueno", es, justamente, objeto de su profesión.

Pero si, como planteamos, el enfermero sabía que, alterando la dosis o administrando esa sustancia el paciente moriría, quiso dañar al paciente (hasta matarlo). Esto ya no es error, porque la intención define el grado y el objeto que permiten descubrir la mentira. Sea por venganza, o por obtener algún otro beneficio de la muerte del paciente, el enfermero empleó la astucia y la confianza del enfermo para hacerle creer algo distinto de lo que era en la realidad.

Hay veces, de todos modos, que la mentira no tiene un objeto inteligente. Esto es, la mentira estúpida. La mentira caprichosa que sólo busca burlar o ridiculizar por una vaga y hasta perversa sensación de placer eventual en el mentiroso a costa del o los defraudados.

Es inmoral, según sospecho con algún grado mínimo de certeza (padecida en carne propia, como fuente de tal mínima certeza), tanto como la mentira "dolosa" el simple hecho de practicar la mendacidad para ridiculizar a alguien; o hacerle sufrir porque quien miente goza de tal sufrimiento como gozando de un esparcimiento, o porque ese estado genera a su vez otros sufrimientos de otras personas, que son los que real y definitivamente quiere el mentiroso, pero que no conseguiría si no empleara la mentira estúpida con el tercero, el payaso.

 

  

Joaquín Sabina – Y sin embargo te quiero –

 

Semejante grado de manipulación no hace a la mentira menos mentira que en el caso del enfermero homicida. Aunque las consecuencias y las formas puedan diferir, poco o mucho, la voluntad pone en movimiento los mecanismos de manipulación para perjudicar a una o varias personas en beneficio propio. Y un beneficio que -casi siempre- no es material.

La verdad puede proponer una ilusión para darle colorido metafórico a una situación que no deja de mostrar tal y como es.

La mentira se vale de ilusiones para esperanzar al incauto con la carnada que tiene ensartada el anzuelo con el que habrá de ser "pescado" una vez que lo muerda, atraído por algo que cree le beneficiará o le hará bien, siendo que en la realidad, es lo contrario.

Por supuesto, alguna secta logró que centenares de personas comieran alimentos envenenados, creyéndolos buenos, y murieran, todo porque el predicador de la secta -uno de estos miles de "mesias a pilas"- creía que venía el fin del mundo al día siguiente y, con tal drástica medida "se llevaría a "sus" elegidos a "su" cielo…"

Hubiera sido una estafa si es que él mismo no se hubiera envenenado con "sus elegidos", cosa que hizo. Este orate creyó su propia mentira y fue víctima, como los demás, de su propia estafa. Alguien lo podrá titular de locura, pero siendo la locura una palabra tan amplia, general y tan incierta, es preferible pensar que el mentiroso comenzó y terminó siendo víctima de su mentira; o mejor: Creyó ver la verdad en un delirio y no se molestó en razonar demasiado; o lo razonó demasiado, tanto que terminó desconfiando a "ciencia cierta" de la verdad, y confiando "a ciegas" en el delirio.

En definitiva y como para no hacer demasiado extenso este pensamiento a media voz, sigo sospechando que la mentira no es contraria de la verdad: Simplemente es su reflejo deformado.

Y mientras la verdad edifica y alegra, la mentira arruina y entristece.

Mientras la verdad puede doler, como esclarecimiento de una situación ilusoria; y ese esclarecimiento trae posterior beneficio que hubiera sido perjuicio si no se aclaraba la ilusión, la mentira alimenta esa ilusión a sabiendas de que, finalmente, provocará un dolor y un sufrimiento que, o bien será dificil reparar, o bien será irreparable.

Mientras la verdad mantiene la regla y mantiene lo dicho, lo prometido, la mentira cambia el reglamento en medio del partido… Y toda excusa, todo pretexto le parece una razón inobjetable (¿?)

La mentira no arroja culpas a otros ni pretende hacer decir a alguien lo que jamás dijo. Se presenta tal y como es. Con muchas palabras o con pocas y, a veces, silenciosamente. No necesita hacer ruido.

La mentira vive de lo que los sicólogos llaman "proyección": Es el otro el que hace lo que yo estoy haciendo, no yo. El otro porta mis culpas… En este caso, el otro es la verdad. Claro que, cuando se somete a prueba, la distorsión no se debe a la verdad, que hubiera desmantelado la falsa ilusión, sino a la mentira que, a sabiendas de la falsedad de ese reflejo, igualmente alimenta la ilusión… La mentira y el mentiroso/a.

 

  

Los Pericos – Mucha experiencia –

 

La verdad no necesita socios, partidarios ni cómplices: Se muestra sola, tal como es. Vive de sí misma. Por supuesto que puede tener millones de partidarios y predicadores… pero en el último caso, si se queda sola, no deja de ser verdad.

La mentira necesita de cómplices, máscaras, maquillajes, apariencias, excusas, escondites, coartadas, partidarios, "justificaciones" (sencillas o alambicadas). De no tenerlos, queda en evidencia y, al quedar en evidencia, ese objeto disfrazado de verdad se vuelve una triste mentira.

Aunque admito que este cúmulo de palabras sólo es una sospecha…

Quizá todo esto sea mentira…

Usted ¿qué opina?

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2 respuestas a Trata de SIN CADENAS: DE MENTIRA Y VERDAD

  1. lluvia dijo:

    Tus palabras no son una sospecha , son claras y certeras como la flecha (…?..) . Yo creo que has dado en el blanco . Amigo anonimo , tu forma de exponer la verdad me sobrecoge y me da escalofrios  . Desde que conozco tu tratado sobre la verdad y la metira, vivo mas tranquila .Ahora se que la verdad es conocida , y no es solo una ensoñacion mia.Tus descripciones son magistrales , yo no lo se expresar asi , pero en mi interior tus conceptos estaban ya escritos. Siento pasion por la verdad _lA_vErDaD_oS_hArA_lIbReS_La verdad no necesita socios , partidarios ni complices. Se muestra sola , tal como es .Vive de si misma…….Todo esto es brillante .Espero tu nuevo envio ( de algo ) aunque ya con la verdad y la mentira tengo para tiempo……Un afectuoso saludo .

  2. Ezequiel dijo:

    Y mi cordial agradecimiento para ti.

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